Pocos tucumanos saben que su ciudad tuvo dos fundaciones. La primera, conocida como San Miguel de Tucumán del Ibatín, fue establecida en 1565 por Diego de Villarroel en un sitio muy diferente al actual: en plena selva de yungas, cerca de la actual localidad de Monteros.

Ibatín funcionó como ciudad durante 120 años. Tenía cabildo, iglesia, plaza central y una población que llegó a superar los 2.000 habitantes entre españoles, criollos, indígenas y africanos esclavizados. Era un punto clave en la ruta comercial entre el Alto Perú y Buenos Aires.

¿Por qué se abandonó? Las razones fueron múltiples y se acumularon con el tiempo. El clima húmedo y cálido favorecía las enfermedades tropicales. Las inundaciones del río Pueblo Viejo arrasaban cultivos y estructuras. Los ataques de pueblos originarios de la zona eran frecuentes. Y la ubicación, inicialmente estratégica, dejó de serlo cuando cambiaron las rutas comerciales.

En 1685, después de años de peticiones al virrey, los vecinos de Ibatín recibieron autorización para trasladarse. La nueva ciudad se fundó donde hoy está San Miguel de Tucumán: un sitio más seco, más alto y mejor conectado.

De Ibatín quedaron las ruinas cubiertas por la selva. Excavaciones arqueológicas han recuperado cerámicas, herramientas, cimientos de edificios y objetos de la vida cotidiana colonial. El sitio es un documento único para entender cómo era la vida en una ciudad colonial del siglo XVI.

En nuestra excursión "Tucumán Colonial" visitamos las ruinas de Ibatín con interpretación histórica. Explicamos el proceso de fundación, la vida cotidiana, las razones del abandono y cómo este episodio moldeó la identidad tucumana.