Hay lugares que desafían la noción de lo que esperamos encontrar en la Tierra. El Campo de Piedra Pómez, en la Puna de Catamarca, es uno de ellos. Un mar de formaciones blancas y grises se extiende por kilómetros, tallado durante milenios por el viento y la erosión en formas que parecen esculturas abstractas.
La piedra pómez que da nombre al lugar es el resultado de erupciones volcánicas antiguas. El material expulsado se depositó en capas que luego el viento fue modelando con paciencia infinita. El resultado es un laberinto natural de torres, arcos y cavidades que cambian de color según la hora del día: blanco enceguecedor al mediodía, dorado al atardecer, azulado bajo la luna.
El campo se ubica a unos 3.000 metros de altura, cerca de la localidad de El Peñón, en el departamento de Antofagasta de la Sierra. El acceso requiere vehículo 4x4 y cierta planificación, lo que lo mantiene alejado del turismo masivo. Quienes llegan suelen tener el paisaje para ellos solos.
Caminar entre las formaciones es una experiencia sensorial intensa. El silencio es absoluto, roto solo por el viento. La luz rebota en las superficies porosas creando sombras y texturas que cambian minuto a minuto. Los fotógrafos encuentran aquí un paraíso, pero ninguna foto captura realmente la escala y la soledad del lugar.
A pocos kilómetros del Campo de Piedra Pómez se encuentran otros paisajes igualmente extraordinarios: las Dunas de Tatón, el Salar de Antofalla, y las lagunas altoandinas donde los flamencos se alimentan. La Puna catamarqueña es una sucesión de paisajes extremos que no tiene equivalente en el país.
Visitamos el Campo de Piedra Pómez como parte de nuestra experiencia 4x4 por la Puna. No es un lugar para apurar: se necesita tiempo para recorrerlo, sentirlo y entender la escala de lo que la naturaleza puede crear con piedra, viento y millones de años.